Cómo conectar con el cerebro reptil

Caso práctico 1 

Os explico con un caso práctico como podeís conectar con el cerebro reptil.

Funciones de nuestro cerebro Humano como la empatía, el modelado de emociones, la teoría de la mente y el control de los impulsos, otorgan el sentido de la educación emocional que se está dando en los colegios. Lo considero una parte muy importante de la educación de un niño. No darle cabida a esto es prepararlo a medias para la vida. Me explico, vengo de una generación en la que las emociones, cuanto menos, eran molestas. Ese «niño, no llores», o «como sigas llorando te voy a …» en fin, sabemos lo que sigue. Es que, cuando eras chico no entendías qué pasaba en tu mundo interior y luego llegaba la adolescencia y la cosa empeoraba. Si los niños desde pequeños distinguen cómo se sienten, cómo sus sensaciones les avisan de algo y no lo ignoran sino que se ocupan de eso, no se asustan, la perspectiva para afrontar la vida es mucho más positiva.  He visto en mi cole de Cocodrilillos, que siempre es mejor que los niños se conozcan a si mismos para enfrentarse a los retos que sus vidas difíciles le presentarán.

Ejemplo de «Cocodrilismo» en estado puro

Voy a poner un ejemplo de Cocodrilismo en estado puro. De cómo el Cocodrilo fue llamando a su cerebro Humano, pasando por el Elefante  para controlar los impulsos, y poner en perspectiva una situación desbordante.

Era una alumna que llevaba mucho recorrido de conocerse a si misma. Esta alumna hacía tapping para bajar la intensidad de sus emociones desde los 4 años, y tiene una vida muy muy complicada. Lo que voy a exponer sucedió el curso pasado cuando ella tenía 9 o 10. Ese día la encontré muy alterada en secretaría, en los sillones, dando puñetazos en los reposabrazos, resoplando, insultando, colorada y sudorosa. Me senté a su lado, le dije «uf, te veo muy enfadada», me miró con cara de odio, lo normal en los Cocodrilos. Me puse a hacer tapping en mí misma a su lado.  A pesar de que todas mis neuronas espejoun tipo de neuronas que se activan cuando se ejecuta una acción y cuando se observa ejecutar esa acción o se tiene una representación mental de la misma».  Giacomo Rizzolatti) se ponen en guardia cuando veo un Cocodrilo, decidí hacer tapping yo y llamar a sus neuronas espejo a la calma. A poco se echó a llorar y empezó ella misma a hacer tapping. Le pedí que me contara qué le ponía tan mal. Haciéndose tapping me iba contando que no había llevado las tareas hechas y que la seño le había regañado. Hasta ahí, todo normal, y ella asumía que era una situación típica, no llevar tareas = maestra mosqueada. Pero la maestra había hecho un comentario desafortunado sobre que algunas familias no estaban pendientes de sus hijos.

-A ver– me decía ella- que yo se cómo es mi madre, que yo sé que no tengo un padre en condiciones, pero esas cosas duelen- y lloraba y lloraba…

Fue calmándose y pude hacerle preguntas de curiosidad, sobre si la maestra se había encontrado más tareas sin hacer de otros niños, sobre si la clase estaba en calma… la respuesta era obvia. Le pregunté si lo que más le dolía era que ese comentario fuera hecho por esa maestra, y se echó a llorar otra vez. Esta niña tenía una relación muy cercana con esa maestra y sabía que se preocupaba mucho de ella y se querían. Recibir ese comentario general y desafortunado era desagradable, pero recibirlo de ella, más. Cuando se fue calmando pudo comprender que las maestras también tenemos cerebro Cocodrilo. Tenemos un plan para nuestros alumnos y quisiéramos que consiguieran lo máximo. Estando más calmada, apareció la seño, que estaba preocupada por cómo se había puesto la alumna  y se dieron un abrazo, pudieron hablar de sus Cocodrilos, de sus meteduras de pata y de los planes que la maestra tenía con ella.

Este ejemplo es un esbozo de cómo la educación emocional de niños y maestros puede, no solo evitar males mayores, sino mejorar las relaciones en la vida de un niño. Esa relación es la de los niños con su entorno y también con su propio mundo interior. En ningún momento juzgué su gran enfado, en ningún momento le resté importancia al dolor que había sentido, eso facilitó la conexión emocional y poder hablar con las distintas capas de su cerebro, como diría Daniel Siegel «subir la escalera de la mente».

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