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Mi página raruna
  El coco del guppy
(¿Sabías que los guppys son unos peces?)

Este correo, por alguna razón suscitó muchos comentarios entre las suscriptoras...

Tengo súper población de guppys (pececillos de acuario de agua dulce).


Cuando tenía sólo 5 pececillos nos pasábamos todo el tiempo mirando por ellos, analizando el agua, buscando en foros qué hacer cuando los nitritos superaban el nivel saludable.


En una ocasión  nos quedaba uno, solo uno. Ménor le puso nombre: Sombrita. 

Era muy chiquitillo y recién nacido. Sus padres y sus tías habían muerto en un desequilibrio nitritil. 

De hecho, sus hermanos murieron matados/engullidos antes. 

Alguna de sus titas o sus mismos padres se los comieron. 


¡Tenga usted familia para esto, oiga!


Eso chocaba al principio, la verdad. 


Para esas cosas, marido-biólogo relataba con toda la frialdad que te puede dar haberte aprendido el Darwinismo y el Lamarckismo en profundidad “si se los comen será porque sobran. Ya tendrán más”

¿Perdooooooooona? Pero a su casa vienen, ¿no? Venían, quiero decir.


Mi corazoncito de entonces no podía con esas cosas. Ni el de Ménor.


Bueno, pues el marido-biólogo dio por muerto a Sombrita, el único superviviente, cuando desapareció sin más sin encontrar el cuerpo.


Yo no estaba convencida, pero con el saturado nivel mascotil de mi casa decidí que tenía ya bastante y esa preocupación la iba a dejar ir. 


Aunque con la mosca detrás de la oreja.


Ménor no paraba de registrar el fondo. No aparecía. No paraba de buscarlo por si estaba fuera. Seco, claro. 

Finalmente, marido-biólogo, decidido a arreglar el problema de nitritos, limpió el filtro. 

Allí apareció Sombrita, después de tres días, ¡VIVO!


Ménor describió el suceso:


-Mami, me siento muy contento, pero muy culpable a la vez. Y un poco dolido porque no me habéis hecho caso de que no podía ser que desapareciera sin más.


Lecciones que te dan sobre conformarte cuando no te cuadra lo que ves. 


Hoy he visto que las guppys se han puesto a parir a trocho y mocho. 

Mañana no quedarán más que la mitad, pero ya acepto que no puedo controlarlo todo.


Mis peces son así, caníbales. 


Los padres humanos empezamos muy, muy preocupados por las cosas medibles, el peso, la talla, las cacas… cuando se van haciendo mayores y tienen sus vidas fuera de casa, ya no podemos controlar todo.


Los hijos no dejan de necesitarnos, y lo ideal es estar cercanos cuando tengamos la mosca detrás de la oreja de que algo les pasa.  No nos queda otra que aprovechar los ratos que pasan con nosotros para conectar con ellos.


Puedes aprender con mi formación para padres a soltar la desesperación de ver a tu hija pasarlo mal. Que se pasa muy mal con esas cosas, lo sé.

En la tercera sesión aprendes cómo dirigirte a tus hijos para que les apetezca contarte cosas.

Bueno, pues para eso estoy, para que lo lleves mejor y lo hagas con facilidad.


Trini Prado.

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