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¿Cuáles son las habilidades del cerebro humano?

Conocer la lentitud del proceso en la adquisición de las habilidades del cerebro humano ayudará a poner en perspectiva qué le estamos pidiendo a nuestros hijos.

Saber que enfrentarlos a experiencias y que equivocarse siempre es una ventaja para el aprendizaje hará que nos replanteemos nuestra forma de educar. ¿Qué queremos para nuestros hijos?

Orientarnos hacia el largo plazo es fundamental a la hora de educar.

Muchos padres tienen la urgencia de satisfacer las necesidades de sus hijos y hacen demasiado por ellos. Es su propia historia. Probablemente no soporten ver sufrir a nadie y eso provoca que le pongan todo muy fácil a sus hijos.

Este repertorio de respuestas a las necesidades de los hijos les dificulta su desarrollo, les facilita la vida en ese momento, pero no lo hará a largo plazo. Veamos en el siguiente vídeo cómo aprende nuestro cerebro en el tercer nivel.

Por otro lado, hay padres que les piden a sus hijos que sepan hacer cosas que no les corresponden por madurez hacer o por falta aprendizaje. Por ejemplo, en la organización con los deberes. Muchas veces creemos que los estudiantes saben cómo estudiar y no es así. Caemos en la trampa de suponer lo que saben.

También suele tener que ver con la propia historia de los padres.

Ese padre que se dice «a mí no me ayudaban a estudiar y yo me ponía sin que nadie me lo dijera». Bueno, quizá tenga un recuerdo de si mismo fabuloso, probablemente sea verdad. Puede que tenga lagunillas en la memoria, también puede pasar. Las motivaciones o las distracciones del padre en su infancia seguro que eran diferentes a las actuales.

Pero ese mismo padre ¿está dejando que su hijo se equivoque?, ¿qué mensaje le manda al hijo cuando trae una nota que no es la que espera?.

Cuando enviamos mensajes subliminales, tras ver a nuestros hijos equivocarse, aunque no se digan, se notan.

A menudo, lo que no se dice es más evidente que lo que se dice verbalmente.

Nuestros hijos y alumnos tienen agendas repletas y organizadas por sus padres. Ellos tienen pocas oportunidades de planificar. Casi que andamos los padres detrás de ellos, advirtiendo de su falta de tiempo para que adelanten tareas… agobiando además. Luego nos sorprendemos de nuestros hijos escondiéndose de nosotros o contestándonos de malos modos. ¿Esto los hace aprender a tomar decisiones? si se lo damos masticado no, desde luego.

La prisa, el juicio a los errores, la presión social, la evitación del dolor emocional, son las causas de muchas respuestas de los padres a situaciones de la vida cotidiana. En lugar de hacer madurar a los hijos, les dan una respuesta para salir del paso y eso no los ayuda a la larga.

Pongo un ejemplo de la prisa, esa madre con tres hijos varones seguidos, ella trabaja fuera de casa y, es súper limpia y ordenada, no le gustan las mesas sucias, no le parecen aceptables las cocinas desordenadas… Cada día les hace el desayuno y la merienda a los hijos, se la pone y la recoge luego. Así todo queda luego reluciente.

Resulta que el mayor ya tiene 12 años y cuando va a casa de los amigos llama la atención que no sabe ni hacerse el colacao. Bueno, el amigo se lo prepara pero, ¿de verdad este niño no ha tenido oportunidad de aprender una cosa tan simple?

Ha tenido innumerables ocasiones pero esa forma de ser de su madre no favorece la planificación, el orden, la decisión, el aprender de los errores… es que su madre no lo ha dejado probar. Eso sí, la cocina esta impecable en esa casa. Vayas a la hora que vayas.

Otro ejemplo, madre que le tiene pena al niño de unos 6 años, porque no tiene muchos amigos, ella quisiera quitarle las piedras del camino a este niño, todo lo que esté en su mano lo hará.

Llegan al Mc Donald con un amiguito, quedan los dos niños en que quieren menú infantil de Nuggets. La madre se zampa la cola correspondiente. Les trae los Nuggets. Su niño tuerce el morro. No quiere. Ella se come esos nuggets.

Se pone otra vez en cola. Otro menú de otra cosa. El amiguito ya ha acabado de comer. El hijo vuelve a torcer el morro. La hamburguesa pica. Se come ella la hamburguesa.

Ooootra vez se pone la madre en cola. Su niño no puede quedarse sin comer nada, angelito. Le compra un helado. Ahora sí, le da dos lametazos y se va con el amigo, ya aburrido, obviamente. Cosa que no ayuda a que el amiguito quiera repetir quedar con él y su morro torcido.

Esa madre, que ya se ha comido su menú y dos menús de niño, acaba, aparte de sobrealimentada, satisfecha porque le ha quitado a su hijo las piedras del camino, pero ¿de verdad esto es lo mejor?

A mi me parece que este niño no ha aprendido a elegir previendo un poquitín las consecuencias, me parece que no se pone ni medio minuto en el lugar de nadie. No toma decisiones, o sí las toma, pero sobre cómo conseguir que sus deseos se satisfagan, punto. Este niño irá creciendo con tiranía, en plan suave, pero no se adaptará a las circunstancias mínimamente.

Nuestro estilo educativo hará que se desarrollen más o menos las capacidades de nuestros hijos. No es cuestión de dejarlos solos a merced de que todo lo descubran.

Podemos enseñarles mucho.

Guiarles será mejor incluso, pero hacer todo por ellos, sea por las causas que sean… pues, no. Así no les hacemos un favor.

Eso sí, un poquito de mimo de cuando en cuando, para que valoren ese placer tampoco viene mal.

¿Qué os parece? ¿Ayudais a que el cerebro superior de vuestros hijos se desarrolle?

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